jueves 1 de mayo de 2008

Mi otro hombre

La idea de que tengo varios es algo que me seduce, pero en este caso, el "otro" hombre no es nada más y nada menos que el psicoanalista. He regresado. Después de dos años largos. La tienda de Blockbuster de la esquina del consultorio quebró y ahora hay una dulcería. Las casas siguen siendo de una tranquilidad pasmosa en ese barrio, tan de clase media, tan de una naturaleza serena, como si salir del consultorio fuera también parte de la consulta (y de hecho lo es).
El doctor, a quien yo siempre trato de "usted", me tiene un cierto aprecio, que va más allá de esa relación paciente-psicólogo. Y eso lo sé por que me ha invitado a actividades del gremio, y siempre con distancia, con lejanía para evitar confusiones. El me sostuvo durante un momento muy tenso de mi vida que ya he comentado en este blog. El doctor me escucha, desde un asiento de cuero, y al costado hay muchos objetos pre-hispánicos: duendecillos, pocitos, imágenes estilizadas y una lamparita que siempre está prendida, aunque sea de día. El ambiente es agradable, no de escrutinio, sino de tranquilidad aunque una serenidad buscada adrede, y eso a su vez me pone nerviosa.
Hemos hablado del pasado, pero sobre todo, de los momentos actuales que me vuelven ligeramente ansiosa. Por esta mezcla de posibilidades que se abre como abanico, y ese cruce de caminos siempre se convierte en un peldaño a la ansiedad, al desasosiego. El siempre tiene una pregunta que, de alguna manera, me va a movilizar, como la sesión pasada en que me preguntó por qué sentía "agresividad" hacia el maestro. ¿Agresividad? No, le dije, no puede ser. Y me contestó que ciertamente podría ser, en tanto que sueño --o ensueño-- que está muerto. Y es verdad: muerto es preferible que sacándome la vuelta (pero, ¿puede haber una sacada de vuelta en una relación así como la nuestra?). Y de inmediato cité a Zizek (¿qué diablos podría hacer Zizek en una sesión psiconalista?, aunque pensándolo bien, es el mejor lugar para evocarlo) sobre las fantasías hollywoodenses, que pueden imaginar la destrucción del mundo y de la galaxia, pero nunca la destrucción del capitalismo. De la misma manera, cuando el maestro "desaparece" puedo imaginarme cualquier cosa, incluso que ha muerto, que lo veo en un ataúd, que ha tenido un accidente de carro, pero prefiero no imaginarme que está con otra.

martes 22 de abril de 2008

Algo parecido al amor

Una extraña tristeza me invade cuando compruebo simplemente que la realidad es real. Una, dentro de su corazón, cree que puede inventar una extraña confianza en algo parecido al amor. Y fíjense que no digo amor a secas, sino "algo parecido al amor", pues sobre lo otro casi ya no se tiene confianza. Ese "algo parecido al amor" se convierten en un motor del deseo, de las ganas de búsqueda de completud, de una mano además de un sexo, una sensación de que una es querida, engreída, protegida.
Pero cuando poco a poco una va a comenzar a confiar, por la espalda, le asalta la realidad convertida en un signo: unas cuantas letras que delatan a ese hombre como el que siempre una supo que era. Y nuevamente, como si se tratara de un viento malo, una extraña frialdad se apodera de corazón, cuerpo, mente, sinapsis, venas, sudor. Y la tristeza amarga de la duda y la certeza, entreveradas, arrecia.
Quizás haya sido necesario ese encuentro con la realidad para dejar la culpa atrás: para salir adelante como una es sin cojeras. Porque los pensamientos negativos ya comienzan a acecharme y será mucho mejor que me encuentre preparada.

viernes 18 de abril de 2008

Aburrimiento

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que empiece a enfríarse la pasión? Él me recoge de mi trabajo, intentamos hacer algunas cosas prácticas, pero nunca podemos hacer nada... venimos a la casa, caliento algo de comer, y saco algo de tomar. Comemos en la mesa, bajo la luz cenital de la única fuente de luz permanente de mi casa, conversamos de tonterías, y luego él viene a revisar su correo en la computadora, sus páginas de carros, chatea con algunos amigos, escucha la misma música de Yanni que escuchó desde el primer día.
Yo todo lo observo, desde mi cama, la lamparita prendida y yo leyendo un libro, una historia de amores apasionados y entregados y extraños como es la historia de Simone y Jean Paul. Y me pregunto: ¿acaso es posible mantener un amor esencial durante toda la vida y varios amores contingentes que te hagan revivir las hormonas?
Me dice: "no me pidas un beso, es como si no te hiciera caso, me haces sentir mal". Y ya no tengo nada más qué decir, excepto alejarme a través de la racionalidad de los sentimientos y sentir que el clima se enfría, que mi cuerpo se enfría, que mi mente en permanente vértigo está enfriándose poco a poco.
¿Estaba enamorada o no?, ¿o se trata de que me enamoro del amor? Mi narcisismo es tan poderoso que, luego de trastabillar una y otra vez entre cuerpos y cuerpos, sigo exigiendo algo que nadie me dará: una mirada devuelta sobre mí misma.
El tedio se va amoldando a nuestros sentimientos y quizás sea un marasmo para poder voltear el cerebro hacia otro lado y producir desde otros ámbitos. Pero esta manera de pensar sólo objetiva parte del problema: hay otro que viene por un canal interior, profundo, tremendo. Es el tedio, el desamor, esa hacha sobre el cuello, que en realidad comienza sutilmente, y sigue abriendo a su paso una bocanada en pleno pecho que, finalmente, nos tragará.

sábado 5 de abril de 2008

Releyendo a Beauvoir

Releyendo El Segundo Sexo hay una serie de características del mismo que nos pueden hacer creer una cierta aversión de Simone de Beauvoir hacia las mujeres porque, en alguna ocasión, sostiene que ellas están encadenada a las minucias; que los hombres crean los ídolos y ellas los veneran, que no entendiendo la racionalidad del mundo, optan por la magia y la fe; que en la medida que sus horizontes están sobre la pared frente a la cocina, su entendimiento tampoco tiene mayores amplitudes.
Pero, si bien es cierto que esto podría refrendarlo Simone, de ninguna manera se refiere a la "mujer en tanto tal" sino en tanto ha sido creada, formada, inculturada por el hombre. Uno de los puntos más importantes del libro es toda su reflexión sobre la contrucción de una ontología que ha sido masculina siempre y que, a partir de los filosófos post-Ilustración, se convirtió en universal y siguió siendo masculina. En este sentido, la mujer no posee una ontología propia, y por lo tanto vendría a ser un SIGNIFICADO sin SIGNIFICANTE en la cultural occidental patriarcal (es decir, toda la cultura occidental).
¿Qué implica esto? La opción de Beauvoir no es tan clara, quizás ella se adscribe a la modernidad y en esta adscripción asume la racionalidad masculina aunque anhele una femenina. Pero lo que nos deja como tarea, en la medida que ella dice que las mujeres no pueden subsumirse en un sólo concepto esencialista de "mujer", es organizar no obstante estas diferencias, una posibilidad ontológica propiamente femenina.
¿Se podrá? ¿qué significaría la maternidad y el amor pensado desde esa nueva posilividad de entender "el ser"?

viernes 4 de abril de 2008

I will survive

¿La mala suerte viene en racimos de a tres? Así dicen. Me ha pasado: tres al hilo y en esta mismísima semana. Nada de amores. Un asunto extremadamente laboral, que finalmente es de supervivencia, lo cual es peor que el amor no correspondido, pues de supervivencia la gente muere. Cae. Hacia el abismo.
Y sucede que durante el multiempleo ansioso, que es la forma como las hambrientas de amor en América Latina nos mantenemos a flote --si, la que vende el periódico también lava los sábados; la maestra de escuela también se agencia dictando clases particulares; la enfermera cuida viejitos por las noches-- entonces una que se gana la vida escribiendo, mal y peor, puede perder el empleo como si pisara una cáscara de plátano. Puazzzzzzz... y así queda fuera de toda posibilidad. El ego también al fondo de los farallones, entre las piedras, destruido.
Y mientras una, ahí caída, con todo la autoestima metida en el bolsillo de atrás, se restriega los ojos para darse cuenta si, efectivamente, es cierto que puede caer tan hondo, ¿cuál es el segundo pensamiento que puede venírsele encima?
Uno sólo: ¿cómo diablos hago para salir de acá? Suma y resta y sale del laberinto. Un poco de pensamiento crítico y, como diría el maestro, serenidad en medio de la tormenta.
Y una sale de ahí. Se recompone. Se arregla las medias, aún cuando estén corridas. Se vuelve a maquillar. Un poquito de uva sobre la boca aún carnosa. Alza las alas y las vuelve a batir para salir de ese abismo que nos jala hacia el vértigo.
I will suvive: es la canción que nace de mi oído para lanzarse sobre el escenario y más allá, aún, detrás de las nubes hacia el cielo.

sábado 29 de marzo de 2008

Me cambiaron por una visa

Conversando ahora en la tarde con una amiga me preguntó por un antiguo novio, más que novio... amante y amor-total, aquél con quien compartí once largos años de mi vida. Y le comenté que, precisamente un amigo lo vio hace un tiempo y le preguntó por mí: él le contestó que yo soy --en verbo presente, sí... incluso hoy en día-- el gran amor de su vida, pero que nunca supe entender la importancia de otros asuntos de tal magnitud que le iban a dar la seguridad y la solidez que él siempre había querido para sí y para su familia. Ese gran asunto era su necesidad de estar con una gringa para poder asegurarse su visa para un sueño. Y de paso, el futuro de sus hijos, de él mismo, de todo su entorno, casi casi la dignidad de su comunidad.

Así que él, L, con quien yo había pensando pasar el resto de mi vida, me cambió por una visa.

Al principio yo casi no quise enterarme. Todo sucedía en mis narices pero yo, tan ciega como la que no quiere ver, trataba de justificar uno por uno todos sus actos sospechosos. Hasta que una noche los vi. Nada del otro mundo: sólo caminando juntos por la calle. Me bajé del bus, me acerqué a la bodega donde estaban, y sólo le dirigí una mirada, mientras pedía una gaseosa. El se atoró, casi casi la despidió, y me siguió al paradero nuevamente, mientras a mí se me chorreaban las lágrimas. Esa noche, en medio del frío glacial del invierno y de su corazón de iceberg, percibí que el sueño emocional más grande que había tenido en mi vida, estaba a punto de desaparecer.

Ahora que han pasado algunos años casi puedo contarlo con una sonrisa de sarcasmo. La verdad que no debí confiar en una persona con un moral laxa, con una ética del superviviente, justificando todo a su paso, sólo con el ánimo de seguir vivo (vivazo, diríamos). Y sí, se lo había dicho: "seguramente alguna vez te irás con alguien por interés, e incluso, tendrás los hijos que no quisiste tener conmigo, y yo jaqueada por el reloj biológico, me enteraré de tus hazañas y claro, me sentiré traicionada".

Pero, ¿he de sentirme traicionada?

Traicionada si, pero librada de un hombre que, a su vez, sólo se ha comprometido en la vida con él mismo.

¿O es que debo recordarlo de otra manera?, ¿acaso no es sólo un canalla que, felizmente, desapareció?

sábado 22 de marzo de 2008

¿Me estás oyendo inútil?

Con toda su increíble e inmensa humanidad, Paquita la del barrio, siempre vestida de blanco y con la voz que cualquiera quisiera tener, canta contra los cabrones, las ratas inmundas y los que quieren chingarnos sin más que buscando su propio y sucio placer. Pero además, a veces les reprocha, y a veces les espeta en la cara que se porten como hombres y no como cobardes. De alguna manera esta es la vuelta de tuerca de la ranchera cantinera en versión ironizada y teniendo como protagonista a una mujer. Luego de años de llanto cantinero, una mujer poderosa e inmensa, como su cuerpo y su voz, pueden lograr un sarcasmo y a quienes queremos que no nos olviden nos arranca una sonrisa. Aunque sea de coraje.

El grito de guerra de Paquita, durante sus presentaciones, es ¿me estás oyendo nútil? y las letras de sus canciones, entre otros versos, pueden decir lo siguiente: "tres veces te engañé/ tres veces te engañé/ tres veces te engañé/ la primera por coraje/ la segunda por capricho/ la tercera por placer".

Que se cuiden los malditos...